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El éxito del inglés como lingua franca

Desde que el estudio de los idiomas alcanzó la consideración de ciencia en el siglo XIX, muchos han sido los lingüistas que han intentado crear de la nada una lengua artificial que sirviese para fines similares a los que siglos atrás cumpliera el latín. Se trataba de crear una lingua franca, es decir, un idioma general que, aun sin ser la lengua nativa de la mayoría, sirviera a ésta como vehículo de comunicación por encima de sus diferencias etnoculturales y lingüísticas. Así surgieron lenguas artificiales como el volapük, el novial, el omnial, la interlingua o el esperanto. Éste último, creado por Ludovic Zamenhof en 1887, es la única lengua artificial que ha llegado a obtener una cierta relevancia.

Sin embargo, la naturaleza humana es tozuda y, ya desde la Antigüedad clásica, la lengua de comunicación internacional ha venido coincidiendo con la del país más importante en la política y la economía de cada momento. Así, el castellano sirvió a la comunicación entre europeos durante el auge del imperio español, y el catalán fue una lengua común en los puertos mediterráneos durante la época de gloria de la Corona de Aragón. El griego koiné y el latín fueron lenguas de comunicación global durante muchos siglos. El francés fue durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX la lingua franca aceptada por las élites europeas, y constituyó durante muchas décadas la principal lengua extranjera enseñada en las escuelas de medio mundo.

La lingua franca actual es el inglés
El inglés se ha convertido en la lengua de comunicación entre nativos de diferentes idiomas

Pero, con la Revolución Industrial y con el auge del Imperio Británico en la segunda mitad del siglo XIX, en inglés comenzó a ganar terreno rápidamente como lengua internacional. Ya en el siglo XX, la hegemonía de los Estados Unidos y el continuo liderazgo tecnológico de este país tras las dos Guerras Mundiales han hecho del inglés el idioma de comunicación internacional por excelencia.

A simple vista, bien pudiera parecer que este predominio del inglés se debe únicamente a la fuerza tecnológica y comercial de los Estados Unidos. Pero los lingüistas coinciden en señalar que una buena parte del éxito de la lengua inglesa se debe a sus características propias, y entre ellas:

  1. Fácil grafía. Para los estudiantes que proceden de lenguas representadas mediante el alfabeto latino, el inglés es una más de éstas y no requiere el aprendizaje de un nuevo alfabeto. Además, es la única lengua de alfabeto latino que no presenta caracteres propios diferentes, limitándose a utilizar las veintiséis letras existentes en todos los demás idiomas que usan este alfabeto. Por otro lado, para quienes estudian la lengua inglesa desde idiomas con otros alfabetos, el latino es uno de los más fáciles de aprender ya que es totalmente fonético y cuenta con pocos caracteres (y separados entre sí).
  2. Gramática sencilla. Comparado con la mayor parte de los idiomas existentes, el inglés es ciertamente fácil. No hay que aprenderse largas listas de terminaciones verbales, no hay tratamiento de tú y de usted, no hay que manejar casos ni géneros... Ciertamente no hay idioma más fácil de aprender.
  3. Pronunciación asequible.Aunque a los latinos generalmente nos parece que la pronunciación del inglés es endiabladamente compleja, esto se debe a la pésima enseñanza de esta lengua y a que, desde luego, el inglés tiene algunos fonemas que no existen en los idiomas latinos. Sin embargo, si comparamos el inglés con la mayoría de los demás idiomas, veremos que su pronunciación resulta mucho más sencilla. Para la mayor parte de los seres humanos, la pronunciación inglesa es más simple que la de sus propios idiomas.
  4. Flexibilidad.El idioma inglés es rápido en la creación de términos para designar los conceptos. Sus reglas de generación de nuevos nombres, adjetivos, adverbios y verbos son tan sencillas que cualquier anglófono crea inconscientemente palabras nuevas en su vida cotidiana. Sin tener que recurrir a complejas reglas de formación de neologismos al alcance sólo de los eruditos, el inglés se ha convertido en una lengua popular que responde con inmediatez a las necesidades de comunicación de sus hablantes. Tanto es así que en muchas otras lenguas se importan sin cesar palabras inglesas para designar nuevos avances tecnológicos, ya que esos idiomas no consiguen crear con suficiente celeridad términos equivalentes.

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