Omitir vínculos de exploraciónAprender Inglés > Lengua Inglesa > Nuestro Inglés

Los españoles ante la lengua inglesa

Debido a las tensas relaciones históricas entre España e Inglaterra, la lengua inglesa comenzó a ser apreciada relativamente tarde en nuestro país. Durante todo el siglo XIX y la primera mitad del XX, la lengua de comunicación exterior de los españoles fue el francés. Las élites españolas miraban hacia Francia y el conocimiento de su idioma era una obligación de todo aristócrata, político o comerciante. Sin embargo, hacia finales del siglo XIX y principios del XX comenzó a alcanzar importancia en España, si bien en corrientes intelectuales minoritarias, un cierto sentimiento anglófilo. Pero no será hasta el periodo de Entreguerras cuando la lengua y la cultura inglesas comiencen a despertar la curiosidad de sectores más amplios de la élite social española.

Los españoles y el inglés, difícil relación

Hasta bien entrados los años setenta, el francés será la lengua extranjera ofrecida prioritariamente por la educación pública y privada, aunque con un éxito moderado ya que su enseñanza era tan deficiente como después habría de serlo la del inglés.

Recomendamos leer:


La gran asignatura pendiente

Hasta hace muy poco, prácticamente sólo había dos grupos de españoles que de verdad hablaban con normalidad otros idiomas: los diplomáticos y los emigrantes. Los idiomas son la gran asignatura pendiente de nuestro país, y en ello suelen coincidir todos los expertos en educación. Hay muchos factores que lo explican, desde nuestra ubicación geográfica en una esquina del continente hasta nuestra gloria pasada como antigua potencia europea (cuántas veces habremos oído decir aquello de “que aprendan ellos español”).

El inglés, la gran asignatura pendiente de los españoles

También influye en la proverbial incapacidad española para los idiomas la simplicidad fonética del español frente a cualquier otro idioma. Sólo tenemos cinco vocales y muy abiertas, y no tenemos complejas secuencias de consonantes, sonidos semipronunciados, gradación consonántica ni sonidos muy similares entre sí. Nuestra lengua ha evolucionado hacia la simplificación, e incluso hemos igualado la uve con la be, la elle con la i griega y, en Canarias, en zonas de Andalucía y en toda América Latina, la ce o zeta con la ese.

Esta fuerte simplificación fonética facilita a los extranjeros el aprendizaje de nuestro idioma, pero nos hace difícil a nosotros comprender y articular sonidos nuevos a partir de una cierta edad (cuatro a diez años), por lo que nunca se insistirá suficiente en la necesidad de una muy temprana introducción de los idiomas en la educación de los niños.

Y por si fuera poco, a todo ello se une nuestro exagerado sentido del ridículo a la hora de pronunciar un idioma extranjero.

Pronunciar mal adrede

Aunque nosotros no nos demos cuenta, en España ocurre un fenómeno curioso pero lamentable con la pronunciación de los vocablos extranjeros: somos probablemente el único país donde está mal visto pronunciar bien una palabra extranjera cuando hablamos en nuestro idioma, y donde pronunciar mal adrede es una exigencia de nuestro entorno social para no quedar mal.

Hasta hace unos veinte años incorporábamos la palabra extranjera a nuestra frase y la pronunciábamos tal y como se leería según las reglas fonéticas del castellano. En los últimos años hemos avanzado algo en este sentido: ahora ya solemos cambiar las vocales e incorporar alguna consonante extranjera para acercarnos un poco (sólo un poco) a la pronunciación original, y hacemos una especie de híbrido entre ésta y la que obtendríamos si leyéramos la palabra en español. O sea, pronunciamos la palabra extranjera a medias, para no quedar ni como incultos ni como redichos.

Pronunciar mal adrede, para no quedar como pedantes, es uno de los errores del español medio al utilizar el idioma inglés o palabras del mismo

Esto sólo pasa en España. Ni siquiera en los países hispanohablantes de América se da este fenómeno, esta especie de complejo que nos lleva a resistirnos contra viento y marea a pronunciar los extranjerismos como en su idioma de origen, aunque sepamos cómo se pronuncian. Entre nosotros parece como si quedara pedante o cursi pronunciar bien una palabra de otra lengua, e incluso nos esforzamos en “semicastellanizar” el sonido para no parecer altivos o arrogantes. Y no sólo ocurre en la lengua de la calle, sino también en los eslóganes de los anuncios de radio y televisión, en los discursos de los políticos y en la comunicación de los presentadores de noticias, en la pronunciación de nombres y lugares en las películas dobladas y hasta en la dicción inglesa de los pocos cantantes españoles que se atreven a cantar alguna vez en inglés...

Este fenómeno de la mala pronunciación intencionada guarda una estrecha relación con el extendido fracaso educativo en el campo de la enseñanza de idiomas, y es quizá el síntoma más evidente de un extraño complejo: algo falla en la actitud de los españoles respecto a las lenguas extranjeras y, en concreto, respecto al aprendizaje del inglés.

Nuestros ejecutivos

El panorama desolador de nuestra relación con las lenguas extranjeras ha ido mejorando, pero estamos aún bastante lejos de haber resuelto nuestros problemas. Y, desde luego, tenemos una problemática particular en las actuales generaciones de ejecutivos, que necesitan sacar tiempo de sus agendas para ponerse a aprender inglés “a estas alturas” porque ven cómo se les cierran puertas y oportunidades y comprenden al fin que no hablar idiomas, o por lo menos inglés) es una carencia muy grave en el mundo actual.

Nuestros ejecutivos y el inglés. Hay mucho por hacer

Cuántas empresas españolas se expanden sólo en países de lengua española por considerarlos más similares a España, para descubrir después que el idioma engaña y que por ejemplo puede sernos más comprensible y cercano algún país del Norte o Este de Europa, pese a la “barrera” del idioma. Estamos muy rezagados frente a la implantación de las empresas francesas y alemanas (incluso medianas) en muchas zonas del mundo, y uno de los motivos es el terror cerval de miles de empresarios y altos directivos españoles a enfrentarse con el idioma inglés o con otras lenguas extranjeras.

Por esto los cursos de inglés en Inglaterra y en otros países de lengua inglesa ya no son tan sólo un ingrediente cada vez más valorado en la educación de nuestros menores, sino también un elemento fundamental de la formación continua de los nuevos ejecutivos. Cada día son más los directivos que piden a sus empresas una semana o dos al año para mejorar su currículum (y su valor para la propia empresa) acudiendo a un curso de inglés en Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda u otro país anglófono.

Si desea recibir novedades, noticias y ofertas relacionadas con cursos de ingles en su correo electrónico de manera gratuita, introduzca su email en el siguiente campo y presione "enviar".

 EMAIL
 

 Catálogo de cursos en el extranjero